Cuando comprendes, ya no hay nada que perdonar

perdonarSi lo comprendes todo,

lo perdonas todo, 

y sólo existe el perdón cuando te das cuenta de que,

en realidad,

no hay nada que perdonar.

 

Muchas veces hemos oído que debemos perdonar para liberarnos de nuestras cargas. ¿Y qué ocurre cuando nos han hecho daño y los actos de otra persona las vemos como imperdonables? Lo cierto es que cuando cuando no comprendemos, cuando estamos tan sumergidos en nuestra realidad y no somos capaces de ver la realidad de la otra persona, es cuando hablamos de que hay algo que debe perdonarse.

Es cierto que el perdón nos hace más bien a nosotros que a la otra persona, porque es cierto que nos libera del rencor, de la rabia y de la frustración… es cierto que el no perdonar es un veneno que tomamos pensando que matará a la otra persona, cuando realmente somos nosotros mismos los que nos estamos envenenando por no perdonar… pero también es cierto que cuando hay empatía, cuando hay comprensión y cuando se miran las cosas desde “arriba” de forma objetiva, el perdonar deja de tener sentido.

Cuando uno es capaz de ponerse en la piel de la otra persona, de sus circunstancias, de todas sus vivencias y experiencias, de todas sus limitaciones, etc., comprendemos que cada cual actúa de la mejor forma que sabe. Cada persona es un mundo, y esto es una gran verdad, ya que dos personas pueden tener la misma vivencia y cada una interpretarla o vivirla de diferente forma, por lo que juzgar a la otra persona se vuelve contraproducente y sin duda es un tremendo error en el que tendemos a recaer una y otra vez porque pensamos que nuestros valores son los buenos y no comprendemos ni empatizamos realmente con personas que quizás, aparentemente, tienen valores opuestos a nosotros, o que nos fallan o nos hacen daño cuando menos lo esperamos.

Cuando comprendemos, ya no hay nada que perdonar… llegamos a ese estado en el que somos capaces de ver más allá de nuestro Ego, cuando somos capaces de ponernos en la piel de la otra persona y sentir lo que subyace en su interior, generalmente miedo e incluso en algunos casos ignorancia.

No es necesario decirle a la otra persona que la hemos perdonado, podemos simplemente visualizar que la tenemos delante y decírselo y liberar de esta forma la carga que llevamos a cuestas. Todo es energía y este simple ejercicio hace que la otra persona a nivel subconsciente reciba el mensaje y se liberen las energías y los lazos “karmáticos” que os unían.

Probarlo, seguro que no os arrepentiréis… 😉

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