El uso adecuado del aceite

aceiteEl uso adecuado del aceite. El aceite de calidad es aquel que ha sido prensado en frío, el cual ha sido obtenido mediante procesos como la trituración y el prensado en frío y con un filtrado mínimo. De esta forma, el aceite conserva el aroma y gusto naturales, retiene sus antioxidantes y previene su deterioro.

Seguido de éste, encontramos el aceite refinado de oliva, procedente de la extracción primero por prensado caliente y después disolviendo químicamente los residuos de la primera prensada. Este método provoca que aparezca rápidamente un líquido negruzco de alto contenido en grasas que ha de refinarse. Con el refinado se elimina el disolvente químico que se ha usado para extraer el aceite.

Por último, existen aceites de orujo, producto de la extracción mediante disolventes de las masas residuales de aceitunas ya prensadas.

Algunos de los disolventes empleados para la extracción de las grasas vegetales fue en su día el sulfuro de carbono, luego se emplearon el éter de petróleo, el hexano, el alcohol etílico y ahora se utiliza el tricloroetileno y percloroetileno. A pesar de que el proceso de refinado se elimina dichos disolventes, siempre quedan trazas de estos productos químicos en los aceites. Es obvio que sin duda la mejor opción para nuestra salud es escoger un aceite que haya sido prensado en frío.

El aceite prensado en frío se mantiene constante a temperatura normal e incluso fría, mientras que otros aceites con sólo variar ligeramente la temperatura ambiental, se solidifican (como es el caso del aceite de coco o el de palma). Ni qué decir el efecto que pueden producir en nuestros cuerpos dichos aceites si cometemos excesos…

La energía contenida en el aceite varía si se consume en frío o cocinado. El aceite crudo tiene un efecto expansivo y de enfriamiento, dispersión y relajación, actuando fundamentalmente en la superficie del cuerpo. El aceite cocinado sin embargo genera una energía de contracción, densidad y calor interior.

La mejor forma de aportar grasas de calidad a nuestro organismo es mediante el consumo diario de semillas tales como sésamo, calabaza y girasol, además de frutos secos como almendras, avellanas, cacahuetes, nueces, etc. Es de vital importancia masticarlos bien, ya que igual que las leguminosas, pueden producir gases. Su escaso contenido en líquido hace necesario, por no decir imprescindible, una buena ensalivación.

En el Mediterráneo tendemos a consumir un exceso de aceite, ya que lo incorporamos a cada plato. Sería recomendable emplearlo en una sola preparación en cada comida. Un exceso de aceite puede ir acompañado de un elevado consumo de sal (especialmente cruda), lo que provocará, a la larga, bloqueos y acumulaciones nada convenientes para la salud.

Aunque la dosis habitual recomendada es de 2 cucharadas por persona y día, es muy peligroso poner una regla fija para todos, ya que cada individuo es único y tiene unas necesidades alimenticias que dependen de la cantidad de trabajo que realiza. A mayor actividad física, mayor consumo de aceite de buena calidad se recomienda.

Otro dato a tener en cuenta es el clima, en verano usaremos aceite crudo en ensaladas, y en invierno lo cocinaremos para que nos caliente (necesitando mayor cantidad en esta época del año que en verano).

Existen casos en los que es recomendable reducir el aceite consumido, que serían los siguientes:

  • Obesidad.
  • Enfermedades de la piel.
  • Enfermedades del hígado.
  • Enfermedades de la vista.
  • Problemas del aparato reproductor.
  • Enfermedades respiratorias.
  • Bloqueos debidos a un exceso de proteínas animales.
  • Flora intestinal pobre.
  • Condición ácida de la sangre.
  • Nivel alto de colesterol en la sangre.
  • Enfermedades degenerativas.
  • Quistes, tumores (excesos acumulados).
  • Piedras (riñones, vesícula).

 

Fuente: La nueva cocina energética de Montse Bradford.

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