La autocondena (autocrítica)


La autocondena,autocondena

cualquiera que sea su forma,

es un lugar cómodo para estar

cuando no queremos tomar

ninguna responsabilidad sobre nuestra vida.

Cuánta gente se autocondena y se autocritica a sí misma día tras día… Llena su propio cuerpo y mente de basura, como la de la foto… Si fueran realmente conscientes del daño que se provocan así mismos, posiblemente dejaría de hacerlo.

Este echo ya no es sólo un consejo que puede darnos cualquier psicólogo, sino que la ciencia ya respalda con pruebas científicas que los pensamientos afectan y repercuten directamente sobre nuestras células. Del buen uso que le demos, dependerá en gran medida nuestra salud a todos los niveles.

Desde pequeños nos hemos acostumbrado a recibir críticas y ha llegado un momento en que ya no es necesario que nadie externo nos critique, sino que nosotros mismos nos hemos convertido en nuestro peor crítico. Muchos piensan que ser así les ayuda a crecer, a mejorarse día a día y a conseguir así una falsa autoestima cuando logran sus propósitos. Lo cierto es que se meten en una espiral que no tiene fin, nunca es suficiente, siempre “deben” ser más perfectos y hacer las cosas mejor. Viven inmersos en el miedo.

El primer paso para dejar de echarnos basura sobre nosotros mismos es ser conscientes no sólo de nuestros defectos, sino de nuestras virtudes. La gente tendemos a fijarnos más en lo que no nos gusta que en lo que realmente nos gusta, y eso no sólo tiene consecuencias a nivel psicológico, sino que repercute en nuestra relación con los demás y puede llegar incluso a provocarnos enfermedades.

Cuando nos enfocamos en nuestras virtudes, en nuestros talentos, conseguimos potenciar de manera constructiva lo mejor que hay en nosotros. La perfección no existe y es una locura tratar de alcanzarla. Debemos ser capaces de aceptar nuestras deficiencias y centrarnos en lo que realmente sí somos capaces de dominar y conseguir, para no atascarnos y bloquearnos en esa “basura” mental que hemos autogenerado.

Recuerda las virtudes que tienes, los alagos que has recibido también desde pequeñ@, saca a la luz todo aquello que tienes soterrado en tu interior debajo de toda esa basura que has aceptado llevar encima. ¿No recuerdas ninguna virtud? No seas modest@ y sincérate contigo mism@. Muchas personas piensan que es más correcto pecar de modestos que de vanidosos, lo cierto es que ambas cosas son igual de malas.

Las personas que tienden a criticarse a sí mismas, son personas que buscan constantemente la aprobación de los demás para reafirmarse a sí mismas. Piensan que de esa forma conseguirán la compasión y el apoyo externo que no son capaces de autogenerarse en sí mismos. Es posible que durante un tiempo lo consigan, pero si las demás personas se dan cuenta del juego y de la energía que les está absorviendo el “autocrítico”, poco a poco se distanciarán.

Una persona que se autocondena constantemente adopta un papel de víctima, se convierte en una persona tóxica para los demás, ya que se comporta como un vampiro energético. Muchos ya conocéis de qué se trata un vampiro energético, son esas personas que te absorben la energía de forma consciente o inconsciente y que después de estar con ellas te hacen sentir cansad@ y fatigad@.

Cuando nos encontramos con una persona que adopta esta actitud, no le estamos haciendo ningún favor dándole nuestra energía para intentar que se sienta mejor. Cuanto más intentamos apoyar y motivar a esa persona, más vampírica se volverá, ya que el método de autocrítica y víctima le está funcionando y no tiene necesidad de buscar u obtener energía de otra forma. Además, se convierten en personas bastante envidiosas. Lo mejor que podemos hacer por esa persona es evadir sus comentarios, sus autocríticas y no cederle nuestro poder personal. Cuando hacemos eso, la otra persona solo tiene dos opciones, o dejar de adoptar esa actitud, o buscarse otra víctima a la cual poder absorber su energía de forma sutil y con la que poder sentirse cómod@.

Lo más cómodo y fácil es criticarse, buscarse escusas para no hacer nada, para no adoptar la responsabilidad que se tiene sobre cómo se encuentra uno mismo. Es más cómodo decir que somos víctimas del entorno, o que no valemos lo suficiente como para conseguir nada mejor. Recuerda, todo lo que tienes ahora es producto de lo que has sembrado en tu pasado. Y no sólo hablamos a nivel material, sino también emocional.

Si eres un autocrítico, párate a observar tu comportamiento, tu actitud… comienza a examinarte y toma consciencia de que esa actitud sólo te condena a seguir igual o peor en tu situación actual. Empieza a trabajar sobre tu autoestima y a sacar la energía de tí mismo y del Universo. Recuerda que no podremos encontrar fuera lo que no tenemos dentro. Nadie, por mucho que te ame, podrá llenar ese vacío interior que sufres. Todo está en tus manos, toma las acciones oportunas para empezar a amarte y tratarte como mereces, sin escusas.

Si tienes que soportar un autocrítico, ten paciencia, no le cedas tu poder personal, no te compadezcas de esa persona. No podemos cambiar a nadie que no desee cambiar, sólo podemos dejar de alimentar esa conducta. Con el tiempo, si dejamos de proporcionarle soporte, esa persona comenzará a darse cuenta de su actitud y es posible que decida cambiarla, o puede que se distancie de tí… pero en cualquiera de los dos casos, saldrás beneficiado de ello.

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