La carne en nuestra alimentación

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La carne en nuestra alimentación. Si bien es cierto que necesitamos proteínas para nuestro mantenimiento celular y nuestro desarrollo, lo cierto es que no sólo se encuentran en la carne.

Siempre he estado en contra de la gente que decía que era ‘pecado’ comer carne, que era ‘cruel’ para los animales… cuando soy de las que piensa que comer verduras o cualquier otro tipo de planta es lo mismo en ese sentido, ya que aunque las plantas no se puedan expresar, son seres vivos igual que el resto a las que estamos ‘matando’ para alimentarnos nosotros. (Si quieres indagar más sobre el alma de las plantas, te recomiendo este documental.)

Sin embargo, la experta en alimentación energética Montse Bradford, ha conseguido darme una explicación más lógica y razonable sobre porqué no nos conviene comer tanta carne como comemos:

El sistema digestivo de los animales carnívoros está diseñado para poder digerir la carne gracias a unos intestinos muy cortos para poder así expeler rápidamente las sustancias tóxicas que contienen. Por el contrario, el sistema digestivo de los animales herbívoros está provisto de intestinos largos para su completa asimilación y absorción de forma lenta y de bajo nivel en sustancias tóxicas. El ser humano tiene de media unos 10 metros de longitud de intestinos (entre el grueso y el delgado)… esto nos lleva a pensar que estamos diseñados más bien para ser herbívoros.

Existe una amplia variedad de alimentos de origen vegetal con una elevada proporción de proteínas de mucha mejor asimilación que la animal en nuestros metabolismos. Nuestro organismo gasta mucha energía y minerales para conseguir metabolizar la proteína animal.

Además de todo esto, la proteína animal crea una condición muy ácida en nuestra sangre y contiene altos niveles de ácido úrico. También conlleva unas pérdidas importantes de la flora intestinal, sin olvidar que causa un estado ligero de toximia, produciendo estrés en los órganos dedicados a la limpieza y eliminación.

Hay que sumarle también el hecho de que contiene grandes cantidades de grasas saturadas que se convierten en colesterol (del malo). Las grasas del pescado sin embargo no son saturadas. El pescado normalmente se consume fresco, mientras que las carnes necesitan de químicas y preservantes para mantenerlos ‘atractivos’ a nuestros ojos.

Si entramos también en materia de analizar cómo son alimentados los animales mediante hormonas y productos de síntesis, o esa tensión que absorben en el momento en que son matados, nos damos cuenta de que estamos consumiendo un producto con una energía no muy adecuada para nosotros a niveles sutiles.

Según algunos autores, aquellas sociedades y grupos de individuos que se han alimentado con proteínas animales, tienden a desarrollar una forma más agresiva de vivir. Por el contrario, otras culturas cuyas fuentes alimentarias principales han sido cereales y proteínas de origen vegetal, su desarrollo ha sido más pacífico.

¿Dónde encontrar proteínas sin ser en la carne? En leguminosas, en el tofu, tempeh, seitán y en el pescado.

Fuente: La nueva cocina energética de Montse Bradford.

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