Meditación para equilibrar el Chakra 2

meditacion_chakra1Meditación para equilibrar el Chakra 2. Muchos de los desequilibrios de nuestro segundo Chakra tienen como origen nuestra infancia. Alguno de nosotros creemos que al crecer, nuestra infancia pasa a ser un recuerdo del pasado, más o menos traumático, pero en realidad nuestro niño interior pasa a ser una entidad energética y emocional propia integrada dentro de nuestro adulto.

Si nuestro niño interior y nuestro adulto se encuentran conectados y su relación goza de buena salud, esta energía nos dará un gran impulso, ya que nos conectará con la vitalidad, alegría de vivir, curiosidad, capacidad de juego… pero en la mayoría de los casos, dentro de nosotros hay un niño triste o enfadado, razón por la cual nuestro adulto se ha desconectado de él para no sufrir.

El siguiente ejercicio es para recuperar esa conexión con nuestro niño interior. Puede que al principio nuestro niño interior no se encuentre muy receptivo, en especial si hace tiempo que hemos perdido la conexión con él, pero si somos constantes en poco tiempo empezaremos a notar los resultados de nuestra meditación y en nuestra propia vida.

Para realizarla buscaremos una posición cómoda, a ser posible sentados en conexión con el suelo y con la espalda erguida. Podemos colocarnos con la espalda apoyada en la pared o en algún cojín, lo más importante es que nos sintamos cómodos, si no lo logramos sentados, podemos tumbarnos, pero intentando mantenernos despiertos ya que este trabajo requiere de toda nuestra conciencia.

Comenzaremos relajando el cuerpo a través de la respiración abdominal, llenando nuestro abdomen de aire en cada inhalación, poniendo la intención de que en cada exhalación el aire que salga de nuestro cuerpo libere a su paso toda tensión y cualquier energía que nos separe del momento presente. Seguiremos respirando hasta que nuestros pensamientos se vayan aquietando y notemos que nuestro chakras2cuerpo se encuentra relajado y receptivo. Si lo deseamos, podemos invocar a nuestro guías para que nos acompañen en nuestro reencuentro con nuestro niño interior, podemos visualizar un reloj y mientras continuamos respirando ir imaginando como sus manillas van girando hacia atrás pidiéndole que nos lleven al encuentro de nuestro niño interior, o pedirle a nuestra sabiduría interna una imagen de nuestra infancia que nos ayude a conectar con esta energía.

Probablemente haya diversos aspectos del niño interior que necesiten ser sanados y, por lo tanto, siempre pondremos la intención en sanar el que más esté condicionando a nuestro momento presente.

Sin expectativas, permitimos que llegue a nuestra mente la imagen de nuestro niño interior, puede se nos muestre nuestro bebé, un niño de 5 años, un preadolescente, etc. Sin juzgarlo, nos ponemos en contacto con nuestras propias sensaciones, físicas y emocionales, no las cuestionamos ni tratamos de cuestionarlas, simplemente nos hacemos conscientes de ellas.

En este punto, es importante para asegurarnos de estar realizando un movimiento energético real y no un ejercicio en el plano mental. Nos acercaremos a este niño y nos presentaremos ante él, en actitud cariños y amorosa. Le explicamos que somos él/ella con X años más y que hemos venido a tratar de cubrir sus necesidades. Es probable que si tiene heridas muy profundas, no confíe demasiado en nosotros, pero no obstante, continuamos en la misma actitud, tratando de transmitirle seguridad y amor, podemos preguntarle cómo se siente, si vemos que se muestra en actitud receptiva, seguramente no podemos escuchar una conversación propiamente dicha, pero seguramente nos llegue una palabra, una imagen o una sensación que nos ayude a reconocer el problema. Si vemos que no está receptivo a la comunicación, tratamos de conectarnos a un nivel emocional con él para sentir en nosotros su emocionalidad, y ver si tiene miedo, rabia, dolor, tristeza, etc.

No importa si nos llega mucha o poca información, aún en el caso de que no nos llegue ninguna, continuamos realizando la meditación en la confianza de que en algún plano la energía está actuando.

Tiernamente profundizaremos un poco más y le explicamos que sentimos muchísimo todo aquello que le pasó, que a veces las cosas no son como esperamos en los primeros años de vida, pero que ya hemos crecido y que ahora somos fuertes y no dependemos tanto de los demás y que aunque hemos tenido algunas dificultades, también hemos sido felices, y te comprometes con él/ella a reconectarte frecuentemente con su energía para poder trabajar en equipio y estar completos.

Como es probable que el niño habite nuestro inconsciente y el inconsciente no entiende la comunicación verbal, recurriremos a las imágenes, le invitaremos a mirar con nosotros unas fotografías y mentalmente le iremos mostrando recuerdos positivos de nuestra vida, desde su edad hasta la nuestra.

Cuantas más imágenes le mostremos mejor y a cada imagen conectaremos más con la confianza en la vida y en nuestras buenas decisiones, con honestidad le decimos que no todo ha sido bueno, pero le transmitimos la certeza de que ha merecido la pena y que los episodios no tan positivos, nos han ayudado a crecer mucho. Aprovechamos ese momento para reconocerle, para decirle que le pedimos perdón por habernos desconectado de él/ella pero que no sabíamos cómo hacerlo o no disponíamos de las herramientas suficientes, pero que ahora que las tenemos, no lo vamos a volver a hacer. Es muy importante que realmente sintamos pedirle perdón y darle ese apoyo, ya que si no son reales nuestros sentimientos o intenciones, el/la niño/a lo percibirá cerrándose aun más en sí mismo/a. Si así lo sentimos, le transmitimos todo lo que desde adulto vemos en él/ella, podemos darle las gracias por haber sido tan valiente, o decirle lo guapo/a que nos parece y lo bien que hace ciertas cosas. Es importante que no tratemos de adularle, nuestra palabras deben ser sinceras, si no las sentimos nos limitaremos a mostrarle que estamos ahí y repetimos el ejercicio hasta que logremos conectar con estos sentimientos.

Le preguntamos qué necesita en ese momento y nos comprometemos a ayudarle a conseguirlo, nuestro trabajo principal es mantenernos en nuestro centro y mantener una actitud de calma, sea cual sea la reacción o no reacción del niño. Puede que se encuentre asustado y nosotros le mostraremos que ahora somos fuertes y tenemos nuestra propia vida, le podemos enseñar las cosas de las que más orgullosos nos sintamos de nuestro presente, nuestra casa, nuestros estudios, trabajo, logros personales, etc.

Cuando sintamos que la situación ha mejorado, podemos pedirle que nos abrace y sentir cómo en ese abrazo nos fusionamos con él y se integra en nuestra realidad consciente como un aspecto potencial de nosotros. Si esto ocurre, dejamos sentir esta sensación y en ella vamos poco a poco llevando la atención al cuerpo y ponemos la intención de salir de salir de la meditación y volver al momento presente.

Si no conseguimos el abrazo, no forzamos… le decimos que no pasa nada y que volveremos pronto para ver qué tal está y respetamos su ritmo. Tomamos el reloj y lo adelantamos al presente o les pedimos a los guías que nos ayuden a llevar la atención al momento presente y damos por finalizado el trabajo tratando de repetirlo frecuentemente hasta que el acercamiento se produzca.

Otro error frecuente es empezar a comportarnos como niños, tengamos la edad que tengamos, para tratar de darle el espacio al niño interior. Debemos comprender que eso no le ayudará a sanarse, ya que la energía sólo se pondrá en orden si como adultos asumimos las riendas de nuestra vida dándole espacio a nuestro niño dentro de nosotros, no en las manifestaciones externas.

Si las emociones que nos encontramos son duras o difíciles de manejar, recomendamos realizar alguna terapia específica para trabajar en profundidad con nuestro niño interior de manera segura.

Recordar que podéis realizar este ejercicio de forma creativa y que no es necesario seguirlo al pie de la letra, adaptarlo a vuestra esencia y vuestra propia forma será mucho más eficaz.

Fuente: Chakras, el camino del equilibrio de Almudena Martín e Irene Martín.

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